sábado, 8 de abril de 2017

Los hijos de Bilbao

La extensión de la longitud de vida mucho más allá de la pérdida de autonomía, es para mí “Una prueba tangible de la inexistencia de Dios o al menos de su incurable frivolidad” como dice Atalía Donosi, en el Capítulo 42 de Rayuela, de Julio Cortázar.

Vienen bien vestidos. Se los nota gente ocupada y económicamente pudiente, para quienes la situación actual es un fastidio.

Son Horacio y Leticia, los hijos de Griselda a quien veo desde hace un año; Horacio es ingeniero industrial radicado en Madrid desde hace 15 pero que viene al menos una vez por año. No pocas veces, ha llevado a Griselda a pasar unos meses con él, su mujer y sus dos hijos, ya mucho más españoles que argentinos.

Leticia es docente, ahora a punto de retirarse y también tiene dos hijos; se separó cuando el menor tenía tres meses y prácticamente los crió sola.

Toda esta historia con sus miles de anécdotas, momentos buenos y momentos malos, la fui construyendo en las frecuentes consultas que Griselda tuvo conmigo en los últimos meses.  Muchas de esas consultas son parte de la agenda que se construyen los ancianos que están solos para llenar su vacío social. Son para los no pocos médicos inexpertos una gran tentación para medicalizar la puesta del sol. Para llenar de estudios y de tratamientos fútiles esa agenda vacía.

Entre los problemas de Griselda que consigné este último año figuran: Anciana frágil, marcha inestable, hipertensión arterial y el hecho de que vive sola.

Aunque siempre me digo que ya no quiero tomar nuevos pacientes ancianos y que solo me siento cómodo manejando a “mis viejos”, es decir a los que envejecieron conmigo y con quienes nos conocemos mutuamente todas las mañas, siempre termino pisando el palito y tomando uno nuevo.  Como Griselda.

No sé por qué motivo exacto cambió a su anterior médico de cabecera y me pidió que la vea por recomendación de su psicólogo.

Sus hijos, vinieron hoy por primera vez.

Todo se inició con un intercambio de mensajes de texto con, Leticia, su hija:

Leticia: Soy Leticia Nowak, la hija de Griselda Antílopi, su paciente.  Retiré la resonancia de hombro y quería consultarle por la natremia* y si conviene que tome magnesio.

Yo: Seguramente con la suspensión del diurético la natremia se normalizará. Puede tomar magnesio, ya se lo prescribí. Como no se hizo la resonancia en el centro, no está cargada en el monitor y no la puedo ver. Saludos.

Leticia: Trataré de adecuarme al sistema pero por supuesto que priorizaré la atención de mi mamá que cambió mucho su estado por la abrupta pérdida de sodio.  Me preocupa cómo tratan la hipertensión y la interacción medicamentosa.  Hace 2 años pasó por lo mismo.  La tuvieron que rehidratar con suero con el consiguiente perjuicio físico y anímico. Gracias me mantengo en contacto.

Yo: Señora, no sé a qué se refiere con1  “Me preocupa cómo tratan la hipertensión y la interacción medicamentosa. Hace dos años pasó lo mismo.” Lamentablemente el tratamiento de la presión en los ancianos puede tener efectos adversos, como la hiponatremia**, el más frecuente y reversible. Su comentario me suena generalizador y casi peyorativo así que le recomiendo y pido que busque otro médico para su mamá. Es muy incómodo manejarse sin la confianza plena de los pacientes y sus familiares.
1 En realidad sé bien a qué se refiere: Todo lo malo que le pase a mi madre será su culpa.

Siguen otros mensajes de explicación, de aclaración de que no se trata de desconfianza y que patatín y que patatán.

Pero para mí, lo hecho, hecho está.

La confianza es como una hoja de papel recién sacada de la resma. La tomamos con las manos y la hacemos un bollo (con la desconfianza) y luego, por más que queramos repararla, alisarla, plancharla, jamás volverá a ser la hoja de la resma.  Se perdió la confianza.

Griselda me consultó no menos de cinco veces en los últimos dos meses  alarmada por sus cifras de presión en algo que se ve muy frecuentemente: la presión está alta, se alarman, sube más la presión, se alarman más, hacen varias consultas a diferentes guardias, les hacen diferentes tratamientos y más alarma y más consultas y más presión.  Se construye una agenda, una hipótesis de conflicto que terminan en la profecía auto cumplida de la presión alta.

Finalmente le agregué a su régimen habitual una pequeña dosis de un diurético (para los entendidos, 12,5 mg diarios de hidroclorotiazida) y controlé su presión y sus niveles de sodio. Es decir, por un lado el efecto deseado y por otro, uno de los potenciales efectos adversos, la baja del sodio en sangre.

En la última consulta, se sentía débil y sus niveles de sodio estaban muy bajos por lo que le indiqué suspender el diurético, ver qué pasaba con su presión y luego, si fuera necesario indicaría otro medicamento.

Hoy vienen a la consulta. Son “los hijos de Bilbao”.

Griselda tiene 87 años y vive sola en un quinto piso del barrio de Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires. Todos saben lo bonita que es Buenos Aires cuando se es joven y apto y lo brutalmente hostil que se convierte cuando somos ancianos y frágiles.

Hasta hace poco tiempo Griselda atendía su casa sola, hacía sus compras, su comida, llamaba a sus amigas, se encontraban a tomar el té en diferentes casas, jugaban al bridge y hasta se peleaban por cuestiones de política. La brecha que nos divide a los argentinos en materia de preferencias políticas, dejó a tres de un lado y una del otro. Griselda se declaró neutral y como la brecha incluye que "nadie es neutral por más neutral que se haga" para cada grupo, Griselda era "de los otros".

En poco tiempo, del núcleo duro de cinco amigas, dos cayeron en combate, es decir murieron, otra fue internada en un geriátrico a treinta kilómetros de la capital, la cuarta perdió su autonomía luego de una fractura y ahora está en cama con una cuidadora. Las charlas telefónicas dejaron de ser divertidas, son una letanía de lamentos y no pocas veces desvaríos en tiempo y en espacio.

Y de este lado quedamos Griselda y yo, su relativamente nuevo médico, nueva esperanza, quien va a sacar las papas del fuego, quien va a frotar la lámpara y con unas vitaminas, algunos masajes de kinesiólogos, unas palabras cruzadas y ginseng vamos a devolver a Griselda al campo de juego, a que haga goles, a que se trepe al alambrado, se saque la camiseta y se la tire a la hinchada ganándose la amarilla del árbitro y la ovación y papelitos de colores.

Y los hijos de Bilbao. Que aparecen hoy a reprocharme la hiponatremia y sugerirme estudios e interconsultas. A sacarme de mi pusilanimidad, en otras palabras, a reprochar mi negligencia por no hacer cosas que tendría que hacer, mi impericia por hacer cosas que no debería hacer y mi imprudencia por hacer cosas sin evaluar sus potenciales consecuencias, como la hiponatremia.

El síndrome del hijo de Bilbao o protagonismo de última hora se refiere a cuando un miembro de la familia acude a última hora con puntos de vista diferentes que intenta imponer culpabilizando a los cuidadores e incluso al equipo de salud(1,2).

Son gente que no conocíamos y que aparece cuando las papas queman. No son los culpables, aunque suelan sentir bastante culpa. Tampoco soy el culpable aunque me quieran hacer sentirlo.

La base del problema, trato de resumirlo son los 87 años; el comienzo de una decadencia inexorable.  A los Bilbao les digo que lamentablemente cada día aparecerá algo nuevo, que cada día surgirán nuevas necesidades y que finalmente nada será suficiente.

Mi función, mi contrato con los pacientes busca lo que he llamado “la frontera de máximo beneficio”. Un concepto que implica la obtención del máximo beneficio (terapéutico, de satisfacción del paciente, de cumplimiento del tratamiento, etc.) con los recursos disponibles (económicos, capacidad intelectual de paciente, vínculo con el médico etc.).  Un punto imaginario en la acción terapéutica que uno debe tratar de alcanzar pero que si sobrepasa, comienza a hacer daño(3).

En este caso, el máximo beneficio era normalizar su presión sin tener efectos adversos, pero pasamos esa frontera, con la pérdida de sodio.

Los hijos de Bilbao no son mala gente, o mejor dicho, no creo que lo sean.

Simplemente no son racionales ante una situación irracionalmente “inesperada” que aparece de golpe y los desborda. Y cada día será peor.  Primero será una señora que la cuida los días de semana y otra los fines; luego alguna faltará y se quedará Leticia, que se verá desbordada ante una pregunta contumaz  ¿Papá ya volvió del trabajo?, reiterada hasta el cansancio, un levantarse a las tres de la mañana, buscar cosas, vestirse para salir y volver a preguntar por papá, que murió hace diez años, para desesperación de Leticia que, irracionalmente tratará ante cada reiteración de volver a su madre a sus cabales haciéndole recordar que papá murió hace diez años, hasta obtener un: Ah, sí y a los diez minutos la misma pregunta.

Yo solo trataré de evitar encarnizamientos, manejaré las cosas, como suelo decir “cosméticamente”, sin acciones heroicas y ridículas tratando de hacer el mayor beneficio posible y evitar el menor daño posible pero consciente de que muchas veces el mayor beneficio posible, para todos, es la muerte. 

Porque la vida tiene un límite, para los que no lo saben.

*Natremia es el nivel de sodio en la sangre
**Hiponatremia es un bajo nivel de sodio en la sangre y sus causas son múltiples siendo la más frecuente el uso de diuréticos para el tratamiento de la presión o la desmedida ingesta de agua.

Referencias

1.   Sancho MG. Medicina Paliativa en la Cultura Latina. Arán, editor. 1999.
2.   Muñoz Cobos F, Espinosa Almendro JM, Portillo Strempell J RG de MG. La familia en la enfermedad terminal (II). Med Fam [Internet]. 2002;3(4). Available from: http://www.samfyc.es/Revista/PDF/v3n4/07.pdf
3.   García C RE. Intercambios. Ediciones D, editor. 2010.


Jean-Baptiste Greuze (1725-1805), La dama de caridad, 1775, óleo sobre tela, 1.12 × 1.46 m. Musée des Beaux Arts de Lyon, Francia.

martes, 28 de marzo de 2017

Al que le toca le toca y a llorar a la Iglesia

Hace unos días vino Pedro a mi consultorio.

Había acompañado recientemente a su mujer a una visita de seguimiento con el oncólogo. Su mujer, hace ya años dejó de ser paciente mía. Decidió cambiar de médico porque no logré disuadirla de su voracidad por hacerse estudios de todo tipo por eso del que se quema con leche. Ella había tenido un cáncer, o mejor dicho le encontramos un cáncer y a partir de ahí, había que salir con un mediomundo a buscar cánceres, osteoporosis, infartos todo el tiempo y por todas partes. 

Pedro sin embargo aguantó unos años más. 

Empezó a ser paciente mío después de que su mujer había cambiado de médico, me contactó para ser paciente mío. No me pidan explicaciones.

Vino varias veces por año en los últimos años, se sintió aliviado cuando tras la inesperada muerte de su hijo Claudio, enfermo de un linfoma agresivo, hace dos años, logré convencerlo de que el duelo es un trauma, que no es una depresión y que como tal, en general, no es cuestión de antidepresivos.

En el duelo, como en los traumas, al principio el dolor es grande, en los días siguientes parece que duele más y más, se hace insoportable. Con el tiempo empieza a mejorar y mejorar y mejorar. Finalmente, cura o cicatriza. Así como algunas cicatrices dejan secuelas de deformidad o de discapacidad, hay duelos que no curan bien y dejan secuelas. Los llamamos, duelos patológicos.

La pérdida de un hijo, suele tener peor pronóstico que la de un abuelo o un padre, porque, claro está, la muerte de nuestros mayores y ancestros es un hecho normativo; la muerte de un hijo es un hecho no normativo. No debe ocurrir, no estamos preparados para que ocurra.

Pedro, se quebraba en llanto en muchas consultas; por momentos me hizo mirar a los costados, me hizo pensar que no iba a salir. Que su vida, como solía decir, se había ido con Claudio.

Y sin embargo salió, poco a poco volvió la risa, volvieron los chistes, hablamos de autos, de miles de soluciones para la Argentina, de la comida italiana.

Pero fue al oncólogo, a acompañar a Ángeles, su mujer y el oncólogo con un par de patadas dio por tierra, pulverizó mi relación con Pedro.

¿Por qué?

Porque yo le había dicho que no solo no era necesario estudiarse la próstata sino que más bien era, de alguna forma peligroso. Porque el riesgo de salir dañado es mucho mayor que el de salir beneficiado(1).

Mucho más aún a esta edad. Pedro, tiene 81 años.

Porque yo le dije siempre, que habiéndose hecho una colonoscopía hace 7 años y habiendo sido ésta normal, no tenía que hacerse más. Porque está bien demostrado que teniendo una colonoscopía normal previa, luego de los 75 años, el riesgo de salir perjudicado supera ampliamente al de salir beneficiado(2).

Aclaro, que estoy hablando de pacientes que NO tienen síntomas.  Y Pedro no los tiene.

Sin embargo en su última consulta Pedro vino hecho un basilisco. 

Con una ceja más levantada que la otra me contó de su visita de compañía al oncólogo y que ante su pregunta de si “debía” hacerse el PSA (Antígeno Prostático Específico) el oncólogo le dijo: Sí, tenés que hacértelo.

Y ante la pregunta de si debía hacerse la colonoscopía, el oncólogo le dijo: Sí, tenés que hacértela.

Me hizo recordar al recital de Pink Floyd, The Wall, durante el cual se va construyendo un gigantesco muro que simbolizaba el aislamiento y la depresión de Pink cuya voz interior le ordena derrumbarla para abrirse al mundo exterior. Finalmente, cae estruendosamente la pared, se derrumba, para la liberación de Pink.

En el caso de Pedro mi pared había sido al revés. Imaginé esa pared para proteger a Pedro de los leones que fuera de mi consultorio lo tentaban a colonoscopías, antígenos, observación ampliada de manchas en la piel, radiografías y tomografías pera evitar la muerte y eternizar a Pedro.

Leones que se presentan en forma de noticias infundadas de suplementos de salud, de opiniones de médicos famosos en mediodías de livings de televisión en los que no falta un político, una modelo y otros farsantes más.

Todas mentiras, todas falacias, interpretaciones tiradas de los pelos para hacer de la salud una industria, del sano un probablemente enfermo.

Para venderles la idea de que todo se detecta a tiempo y que lo detectado a tiempo evita muertes seguras.

Mentiras.

Hoy por hoy, la búsqueda del cáncer de próstata hizo mucho más daño que beneficio. No logró bajar la mortalidad por un cáncer que por otra parte, mata a la gran mayoría de quienes lo padecen a los 80 años(1).

La mirada de la piel con lupa no movió la aguja de las muertes por melanoma pero aumento exponencialmente las cirugías de piel por resecciones de tumores que nunca matan como los tumores basocelulares mientras que los melanomas que matan, siguen matando igualito que antes(3–5).

La colonoscopía, hasta los 75 puede empatar; luego de los 75 es más el daño que hace que el beneficio.

La mamografía salva una muerte por cada 2.000 mujeres estudiadas durante diez años. Pero enferma a 200, haciéndoles diagnósticos de cánceres que no son, diagnosticándoles cánceres que no matan, haciéndoles hacer cirugías que no eran necesarias(6).

El auto-examen mamario es lisa y llanamente dañino. Una campaña nefasta, para mujeres paquetas encabezada por la televisión, los editores de revistas estúpidas, entre propagandas de yogures para ir de cuerpo, desodorantes que duran todo el día, shampúes que hacen de tu pelo una seda, jabones que dejan la ropa de tus pequeños y de tu marido tan blancas que hacen que tu marido te ame cada día más (porque vas bien de cuerpo y porque dejás la ropa, casi como la dejaba la madre que lo parió), entre todos esos desaguisados malintencionados dice:

Tocate para que no te toque”

Y te enseñan con folletos, siempre de color rosa, como deben vestirse las nenas, claro, cómo palparte los pechos.

Hasta hoy, en próstata, en piel, en mama, en ovario, en tiroides y en varias otras cosas no cánceres más, está claro que:

Al que le toca, le toca”

No hay diagnóstico precoz. No hay “tomarlo a tiempo”. Los cánceres de próstata agresivos siguen matando cada tanto a un hombre; los cánceres de mama agresivos siguen matando cada tanto a una mujer, los melanomas lo mismo y los de tiroides también. Mientras tanto, los médicos cazamos osos en el zoológico, es decir, “cazamos” tumores mucho más indolentes que esos que te destrozan la vida cuando te les cruzás.

Sin embargo, Pedro prefirió el consejo al voleo del oncólogo, construido en una "relación médico-paciente de no más de quince minutos, tomó aire, levantó la ceja izquierda y poco menos que increpándome por mi presunta negligencia vino a decirme que él quería hacerse el PSA y la colonoscopía.

Le recordé que donde trabajo hay 500 médicos de cabecera, muchos mejores, muchos peores que yo. Que podría elegir al que más quiera y seguramente encontrará quien le haga el PSA, la colonoscopía, el examen de piel, la radiografía de tórax, el tacto rectal y la mar en coche. Si se descuida Pedro hasta un Papanicolaou le pueden sugerir.

Pero yo no.

La relación médico paciente es paternalista cuando el médico decide y el paciente obedece, es informativa cuando el médico informa y el paciente decide, es interpretativa, cuando, provista la información al paciente, el médico informa, aconseja y sugiere y finalmente actúa en base a los valores y necesidades del paciente y es deliberativa cuando apunta a ayudar al paciente a decidir sopesando juntos la información disponible(7).

En el caso de Pedro, hacer la relación interpretativa era escribir y firmar órdenes de estudios que yo sé que, hoy por hoy, es más probable que lo dañen.

Nos levantamos, nos dimos la mano y nos despedimos. Con la camiseta transpirada y la cara de culo de los capitanes después de un partido de fútbol chivo. Por cortesía y sin simpatía.

Como los matrimonios, aun los más racionalistas y correctos, cuando se separan siempre queda cierto sabor amargo, cierto resentimiento.

María Clara es una alumna del quinto año de la carrera de medicina que estaba conmigo en la consulta.

Como siempre y como corresponde, antes de la consulta pregunté a Pedro si ella podía presenciarla.

Difícilmente un paciente al que respetuosamente se le pide autorización no permite que se quede un alumno o un residente y difícilmente, aún en situaciones verdaderamente íntimas, la consulta pueda ponerse incómoda por la presencia del estudiante.

Dicho sea de paso y al que le quepa el sayo que se lo ponga,  no son pocos los simios colegas que abusando de su poder y haciendo gala de una ignorancia irrespetuosa ven a sus pacientes, desnudan a sus pacientes, palpan, tactan, humillan a los pacientes sin siquiera pedirles autorización para que sus alumnos presencien la consulta. No pocas mujeres y hombres han sido violados en su intimidad por especialistas que deciden revisarlos no solo con un residente; a veces con dos o con tres, sin siquiera pedirles autorización. Pero claro, la relación médico-paciente pone a aquél en una situación de superioridad difícilmente salvable si no se da cuenta de ella y si no se aprendió lo que pocas veces se enseña: respeto, ética.

Pedro se fue y María Clara quedó encantada. Mientras yo rumiaba mi frustración, ella me dijo que había visto cuán compleja es la comunicación y que los intereses de uno no pocas veces no se cruzan con las necesidades de otros. Que no pocas veces, su predisposición, su empatía, su racionalismo se iba a chocar con una pelota de arena mojada que te tiran en la trompa, como la que me tiró Pedro, con una manito del oncólogo.

Cuando los cuidados son apropiados, es decir cuando el médico hace lo que tiene que hacer, pero el paciente queda insatisfecho, la relación se vuelve frustrante.

Como en este caso.

Al que le toca le toca y a llorar a la iglesia. 

Referencias

1.        USPSTF. Prostate Cancer: Screening [Internet]. Available from: http://www.uspreventiveservicestaskforce.org/Page/Document/UpdateSummaryFinal/prostate-cancer-screening
2.        USPSTF. Colorectal Cancer: Screening [Internet]. 2016. Available from: https://www.uspreventiveservicestaskforce.org/Page/Document/UpdateSummaryFinal/colorectal-cancer-screening2
3.        Welch HG, Woloshin S, Schwartz LM. Skin biopsy rates and incidence of melanoma: population based ecological study. BMJ [Internet]. 2005 Sep 3 [cited 2016 Jun 4];331(7515):481. Available from: http://www.pubmedcentral.nih.gov/articlerender.fcgi?artid=1199022&tool=pmcentrez&rendertype=abstract
4.        Welch HG, Woloshin S, Schwartz LM. Skin biopsy rates and incidence of melanoma: population based ecological study. BMJ [Internet]. 2005 Sep 3 [cited 2017 Mar 28];331(7515):481. Available from: http://www.bmj.com/cgi/doi/10.1136/bmj.38516.649537.E0
5.        Beddingfield FC. The melanoma epidemic: res ipsa loquitur. Oncologist [Internet]. 2003 [cited 2017 Mar 28];8(5):459–65. Available from: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14530499
6.        Centre TNC. La mamografía como método de cribado para detectar el cáncer de mama [Internet]. Available from: http://nordic.cochrane.org/la-mamografía-como-método-de-cribado-para-detectar-el-cáncer-de-mama
7.        García C. Evolución de la relación médico-paciente: De la medicina centrada en el médico a la medicina centrada en el paciente. Evid Actual en la Práctica Ambulatoria [Internet]. 2001;4(4). Available from: http://www.foroaps.org/hitalba-pagina-articulo.php?cod_producto=486



John Sassall by Jean Mohr – Fotografía del libro de John Berger, Un hombre afortunado



domingo, 6 de noviembre de 2016

Genético-mancia: tu futuro por catorce lucas

No sé si el periodismo siempre fue una basura o yo un ignorante que recién se acaba de dar cuenta. Desde hace unos años, según lo que esté leyendo o escuchando por radio ya puedo predecir de quién van a hablar mal y de quién bien.

Pero no voy a hablar del periodismo en general, no voy a hablar del periodismo político.

Voy a hablar del “periodismo científico” de la Argentina. Entre comillas “periodismo” porque eso de periodismo no tiene nada y entre comillas “científico” porque eso tiene menos de científico que de periodismo.

Cada vez que escucho la radio y aparece un mediquejo mediático hablando de salud, cambio de estación o apago la radio. Invariablemente dicen sandeces irresponsables.

Lo hago como medida preventiva y protectora para mi salud.

En la tapa del diario La Nación de hoy, domingo 6 de noviembre de 2016  leo “Conocer el ADN. Otro modo de prevenir enfermedades: Estudios de medicina predictiva ayudan a una vida más saludable(1).

Luego, en el cuerpo del diario,  el mismo título y copete: “Estudios de medicina predictiva permiten saber lo que esconden nuestros genes; una cronista de LA NACIÓN se sometió a un análisis”.

Rápidamente, el nombre de una compañía privada, el de su directora y hasta los precios de dos baterías “diagnósticas”  que permitirían, mediante la secuenciación del ADN, establecer qué tipo de ejercicio debería hacer uno semanalmente , qué comer y qué evitar y otro “kit” que te habla de tus riesgos de enfermedades y estudios putativamente “preventivos” que te deberías hacer.

En un tono melodramático e intimista la autora se vende como una valiente que enfrenta esta suerte de “genético-mancia”, junta dos tarritos de saliva, los manda a un laboratorio y al poco tiempo recibe “el diagnóstico”… pero no lo puede abrir porque se tienen que contar con sus nenitas de 2 y 6 años cómo había sido el día.

Después, cuando ya tenía tiempo,  no se animó a abrir el que le iba a decir “de qué me iba a morir” entonces hizo la fácil; abrió el que le decía que tenía que comer pocos carbohidratos, limitar las carnes rojas, comer más pescado y evitar helados y tortas. Una entrevista con un nutricionista y otra con un deportólogo, le confirmarían y reafirmarían estos preceptos.

La otra parte, venía después. Era la del diagnóstico de su predisposición genética a enfermedades. Para esto se encontró con su prima médica que “me ofreció que lo abriéramos juntas” (había que ser fuerte en circunstancias tan graves).  Ni bien lo vio, la prima, médica, clarividente, omnisciente, esbozó una sonrisa y dijo “Tenés el perfil genético de tu papá”.

Luego se entrevistó con una médica que le “hizo la devolución” de esta parte dura de la genético-mancia. La que en un momento le dio vértigo  por el hecho de saber de “de qué me voy a morir”.

De esa consulta salió con:

·         La idea de que, como sus tías y su padre, de grande podría llegar a ser hipertensa (como si hiciera falta un estudio de secuenciación genética para enterarse de esto).
·         La idea de una mayor predisposición al cáncer de pulmón, la diabetes tipo 2 y la esclerosis lateral “aminotrófica” (por amiotrófica).
·         Una solicitud de una “biocolonoendoscopia” (sic). Lo que nosotros, los médicos vulgares y silvestres que no tenemos la clarividencia de la genética llamamos colonoscopia y que recomendamos hacer luego de los cincuenta años.
·         Una solicitud de Spect, es decir el estudio comúnmente conocido como “cámara gamma” que estudia indirectamente,  mediante la distribución de un radiofármaco, la irrigación del corazón.
·         Una ecografía de las carótidas, es decir un eco Doppler de las arterias carótidas destinado a diagnosticar obstrucciones de estas arterias que irrigan el cerebro.

La fuerza de tareas preventivas de los Estados Unidos, conocida como USPSTF (US Preventive Services Task Force) es un prestigiosísimo panel independiente de expertos que revisa sistemáticamente la evidencia de la efectividad de las prácticas diagnósticas  y en base a este análisis periódico y sistemático de la evidencia, establece recomendaciones de qué prácticas hacer, cuáles no está claro que haya que hacer, cuáles hacer en ciertas circunstancias y cuáles no hacer. Existen también, con el mismo fin, otras no menos prestigiosas fuerzas de tareas como la Fuerza de Tareas Canadiense, las guías británicas NICE (National Institute for Health and Care Excellence).

En este blog, trato en un tono accesible a la población y no desprovisto de cierto sarcasmo y malhumor, más que de difundir prácticas preventivas, de combatir la recomendación irresponsable y cargada de intereses de grupos que diariamente y desde todos los medios, radiales, televisivos y escritos alientan una medicina de consumo que tiene muchas más probabilidades de hacer daño que de beneficiar.

Mañana, lo adivino, nuestros consultorios alterarán parcialmente su ritmo con pacientes con ansias de vida eterna que nos vendrán con el recorte del artículo de esta periodista y nos preguntarán si recomendamos el estudio genético.

Algunos grupos, alzarán la voz para que los financiadores de la salud (el gobierno, las obras sociales y las prepagas) se hagan cargo de estos estudios “tan trascendentales”.

Los que les sobra la plata, no dudarán en entrar a la web del laboratorio y mediante el pago de las 14 lucas, los dos tarritos de saliva, la consulta a un nutricionista, un deportólogo y un médico que de genética las sabe lungas saldrán con su “porfolio” de recomendaciones.

Recomendaciones que por un lado les podrá hacer cualquier médico y que ya no son gran novedad: no fumes, no comas chorizos, mollejas y helados todos los días, el tomate es bueno, caminar hace bárbaro, el pescado de agua fría es más sano que el cuero del pollo y drogarse es caro y es malo.

Resulta que mientras nuestra periodista y el laboratorio que patrocina (o el laboratorio que la patrocina a ella) proponen que:

·         Coma bien y camine
·         Se haga una colonoscopia
·         Se haga un SPECT
·         Se haga un eco Doppler de vasos del cuello.

La USPSTF recomienda:

·         Promover una dieta saludable a los adultos que tienen sobrepeso, obesidad u otros factores de riesgo cardiovascular adicionales(2).
·         Hacer la colonoscopia a la población general luego de los 50 años y hasta los 75 años(3).
·         No figura el SPECT en la recomendación a personas adultas asintomática puesto que es una herramienta sofisticada para evaluar individuos en circunstancias muy diferentes a población sana y asintomática(4,5).
·         Recomienda NO hacer estudio de carótidas en la población general asintomática.

Chupate esa mandarina.

Nuestra periodista sintió vértigo ante este Tarot genético que le ofrecieron y vende en un diario importante.

Nuestra periodista escupió en dos frasquitos, llenó algunos formularios y los llevó al laboratorio.

Nuestra periodista esperó el resultado, abrazó a sus nenas de 2 y 6 y hablaron de cómo había sido su día pero se aguantó hasta el otro día y como quien orejea las cartas de truco, abrió el fácil y leyó lo de las caminatas, las tortas, los helados y el pescado.

Juntó fuerzas y esperó a que su prima médica le tomara fuertemente el brazo hasta casi sacarle sangre con las uñas, abriera el papel y le dijera “Je je je, tenés los genes de tu padre”.

Se va a ligar un irresponsable SPECT, un irresponsable eco Doppler de carótidas y una dudosa colonoscopia antes de los cincuenta (a juzgar por la edad de las nenas debe tener  menos de cuarenta).

Aparte, si hace caso y difunde todas estas insensateces, se hará una ecografía transvaginal, una ecografía mamaria y una mamografía anual desde los 40 años, se hará densitometrías, se palpará las mamas en la ducha, se medirá la presión ocular y se hará “leer” los lunares por si uno se quiere hacer el loco y convertirse en melanoma. Se hará colesteroles de todo tipo, se hará ecografías de tiroides y medición de hormonas tiroideas. Le encontrarán cositas que la asustarán y la harán hacer otras cositas, le arrancarán pedazos de piel, de mama y de tiroides y los leerán en el microscopio. Todo, en prácticas que está perfectamente demostrado que, cuando se hacen a tontas y a locas tienen más probabilidades de dañar, muchísimas más, que de beneficiar.

En el mejor y más inocente de los casos, es decir, en el caso en que no haya conflicto de intereses y que por recomendar lo que recomienda no reciba ningún tipo de honorario o pago en concepto de publicidad o cualquier otro “estímulo”, esto es periodismo lego e irresponsable.

Lego, porque carece de los más mínimos conocimientos requeridos para hacer semejantes difusiones y estimular recomendaciones carentes del más mínimo fundamento  científico.

Irresponsable, porque solo unos pocos se verán beneficiados (los que perciben dinero) por recomendar prácticas cuya probabilidad de dañar, supera, hoy por hoy, la muy limitada probabilidad de beneficiar.

Muchas entradas de este blog están destinadas a estos temas. Pero claro, los molinos de viento son poderosos y a mí no me paga nadie por desalentar esta berreta “medicina de mercado”.

Espero que algún día se promulgue una ley que castigue igualmente como mala praxis a estas propagandas larvadas de estudios hechos irresponsablemente sin ningún fundamento científico.

Referencias
1.           Himitian E. Conocer el ADN: otro modo de prevenir enfermedades. La Nación [Internet]. Buenos Aires; 2016;1,26. Available from: http://www.lanacion.com.ar/1953836-conocer-el-adn-otro-modo-de-prevenir-enfermedades
2.           USPSTF. Healthful Diet and Physical Activity for Cardiovascular Disease Prevention in Adults With Cardiovascular Risk Factors: Behavioral Counseling [Internet]. 2014. Available from: https://www.uspreventiveservicestaskforce.org/Page/Document/UpdateSummaryFinal/healthy-diet-and-physical-activity-counseling-adults-with-high-risk-of-cvd
3.           USPSTF. Colorectal Cancer: Screening [Internet]. 2016. Available from: https://www.uspreventiveservicestaskforce.org/Page/Document/UpdateSummaryFinal/colorectal-cancer-screening2
4.           USPSTF. Final Research Plan for Cardiovascular Disease Risk and Atrial Fibrillation: Screening With Electrocardiography [Internet]. 2016. Available from: https://www.uspreventiveservicestaskforce.org/Page/Document/final-research-plan/cardiovascular-disease-risk-and-atrial-fibrillation--screening-with-electrocardiography
5.           Bart S. Ferket, MD,*† Tessa S. S. Genders, MSC,*† Ersen B. Colkesen M, Jacob J. Visser, MD, PHD,* Sandra Spronk, PHD,*† Ewout W. Steyerberg P, M. G. Myriam Hunink, MD P. Systematic Review of Guidelines on Imaging of Asymptomatic Coronary Artery Disease. J Am Coll Cardiol [Internet]. 2011;57(15):1591–600. Available from: file:///D:/Users/Charly/Downloads/BLOGS/10055.pdf